domingo, 30 de enero de 2011

Niedziela (Domingo)


En Polonia es invierno. Y la gente se agolpa en las puertas de los establecimientos para apurar los cigarrillos, ahora prohibidos en lugares públicos (aunque siendo la ley más leve que en España). Uno de ellos soy yo, desdibujado, paisaje blanco, chirrío ensordecedor de los tranvías que amenazan con descarrilar, ojeroso, cabizbajo. Y es el sentimiento de la recóndita lucha por sobrevivir conservando felicidad. Hoy, café, paseo lúgubre de domingo, la vista arriba y abajo tratando de vislumbrar señales de vida alrededor. Una luz parpadeante que informe que hay cosas que siguen ahí, intactas, llenas de vida. Pero hoy es Niedziela y ya se sabe, el día del Señor, unos a misa que es fiesta de guardar y otros a guardar la moña del día anterior. Y ahí yo, que ni chicha ni limoná, deambulo por los corredores subterráneos escuchando de fondo cierta de canción que venía muy a cuento de un grupo de Liverpool. Y la mente, vaivén de señales, profundas, banales, estúpidas, prodigiosas. Ayer, un lustro atrás, un siglo. Gran Vía, el Rabal, Alfonso XIII, Abelardo Sánchez, Pańska, Luchana, Ceuta. Un sin fin de oportunidades para no caer en el hormigueo mental urbano. Mascar las plazoletas donde no asoman palomas como en Santo Domingo, donde los sauces se han cansado de llorar, donde las estrellas están pero nadie las reconoce. Luego de vuelta a casa, igual termina por decepcionarte la luz de domingo, como decía aquella película en la butaca de la añorada filmoteca. La luz de domingo es muy distinta a la de los demás días, en domingo parece que el Sol mirara a la Tierra cara a cara, en domingo es difícil que no se sienta al prójimo.