martes, 26 de julio de 2011

Veredas

Vuelvo a sentir esa arritmia en mis latidos,

afiladas lágrimas que desgarran gemidos.

De dolor hendido. En vano.

Retratos de tinta que se escapan

de la palma de las manos.

Imperfecciones, violetas, mentiras,

maltrechos corazones repletos de ira.

Pintadas, tumultos, arrojos,

situaciones modélicas delante de mis ojos.

Vagones que se pierden,

que se marchan rampantes.

Velos de tul, poderosos y excitantes.

Sincronismos, veredas, cinismos,

valentías que perecen al instante.

miércoles, 22 de junio de 2011

Reflexiones


Ilusiones camufladas, mis versos,

sentimientos disfrazados, mis intentos.

Rosas, lluvia, cemento,

amarillos, ajados, raídos,

condenados a morir en el tiempo.

Rezagados que se quedan en un momento

y se tiñen de púrpura y de viento.

El jardín angelado, el alimento

del pavor, el silencio que padezco,

los ríos de plata, los lamentos.

Reflexiones incapaces de curar,

las llagas, las marcas, la piel,

la maldición de no saber crecer,

las arterias, la sangre en el papel.

Estallan, brotan, enloquecen.

historias que no nacen

porque no se lo merecen.

Esquinas, baúles, rincones,

arbóreos paisajes, quebrantos,

ideas que reposan, composiciones,

melodías abducidas en llanto,

el muro abstracto de las lamentaciones.

domingo, 30 de enero de 2011

Niedziela (Domingo)


En Polonia es invierno. Y la gente se agolpa en las puertas de los establecimientos para apurar los cigarrillos, ahora prohibidos en lugares públicos (aunque siendo la ley más leve que en España). Uno de ellos soy yo, desdibujado, paisaje blanco, chirrío ensordecedor de los tranvías que amenazan con descarrilar, ojeroso, cabizbajo. Y es el sentimiento de la recóndita lucha por sobrevivir conservando felicidad. Hoy, café, paseo lúgubre de domingo, la vista arriba y abajo tratando de vislumbrar señales de vida alrededor. Una luz parpadeante que informe que hay cosas que siguen ahí, intactas, llenas de vida. Pero hoy es Niedziela y ya se sabe, el día del Señor, unos a misa que es fiesta de guardar y otros a guardar la moña del día anterior. Y ahí yo, que ni chicha ni limoná, deambulo por los corredores subterráneos escuchando de fondo cierta de canción que venía muy a cuento de un grupo de Liverpool. Y la mente, vaivén de señales, profundas, banales, estúpidas, prodigiosas. Ayer, un lustro atrás, un siglo. Gran Vía, el Rabal, Alfonso XIII, Abelardo Sánchez, Pańska, Luchana, Ceuta. Un sin fin de oportunidades para no caer en el hormigueo mental urbano. Mascar las plazoletas donde no asoman palomas como en Santo Domingo, donde los sauces se han cansado de llorar, donde las estrellas están pero nadie las reconoce. Luego de vuelta a casa, igual termina por decepcionarte la luz de domingo, como decía aquella película en la butaca de la añorada filmoteca. La luz de domingo es muy distinta a la de los demás días, en domingo parece que el Sol mirara a la Tierra cara a cara, en domingo es difícil que no se sienta al prójimo.