miércoles, 10 de junio de 2009

W biały- czerwony (en blanco y rojo)



Pronto he de regresar. No descanso bien por las noches. A las tres de la madrugada ya empieza a entrar el sol como renglones incandescentes por los recovecos de mi cortina de aluminio. Cuando sea consciente de lo que ha sido este periodo, éste no sólo habrá terminado, sino que habra pasado por mi existencia como los rayos que caen sobre Varsovia en un día de tormenta. Parecerá que nada nunca existió y caminaré por el Paseo Alfonso XIII como si todo el año lo hubiera estado viendo, impasible pasando el tiempo y resbaladizo la humedad de sus baldosas. Y la historia que yo quiera contar será cada vez más azarosa, más fortuita, más infausta, pero en el momento en el cual yo articule las palabras mágicas, llegarán a mi mente los fotogramas como efímeras diapositivas y ése será el momento de decir adiós. Podré contar que residía en un loft en el centro de la capital polaca, o que estaba malviviendo en un cuchitril de un país de Europa del Este. El problema es que ambas serían verdad y perdería credibilidad cualquiera de las dos versiones de los hechos. Que he encontrado el estrés, el aburrimiento, la paz, los excesos, la sonrisa, las lágrimas... y todo eso también será verdad. Será verdad que vivido al margen de mis conductas anteriores, pero en todo momento he ido recordando punto por punto qué era y qué me correspondía ser. Me despedirá, al igual que cuando llegué a esta ciudad, la blanquirroja enseña de esta peculiar nación. Y estaré solo para partir, no me gustan las despedidas (ni los aeropuertos). Cuando tenga fuerza para contar qué ha sido Varsovia espero hacerlo desde el punto de vista más veraz posible, aunque un pequeño ensayo autobiográfico de lo que ha sido este intervalo fugaz creí que podría ser una buena bienvenida al blog. Lo dicho, bienvenidos.